Vietnam ejercita la equidistancia entre potencias y recibe a Xi Jinping

La visita oficial china a Hanoi busca demostrar que Vietnam no le ha dado la espalda a China a pesar de haber elevado su relación con Estados Unidos y Japón a “asociación estratégica integral” en los últimos meses.

Xi se reunió en Hanoi con la tríada de poder vietnamita. El martes con el secretario del Partido comunista vietnamita, Nguyen Phu Trong, quien es en realidad el líder supremo de Vietnam, y el miércoles con el presidente Vo Van Thuong y el primer ministro Phạm Minh Chính.

Ideológicamente, Vietnam está cerca de Beijing. Es uno de los pocos países dirigido por un partido comunista, que además tiene fuerte vínculos con el Partido Comunista Chino. Sin embargo, en los últimos meses ha estrechado fuertemente sus vínculos con países occidentales.

En septiembre, durante la visita del presidente estadounidense, Joe Biden, Vietnam firmó un acuerdo con Estados Unidos que elevó la relación entre ambos países al máximo nivel dentro del esquema vietnamita, el de “asociación estratégica integral”. En este mismo nivel Vietnam tiene a China, India, Rusia y desde noviembre a Japón.

China alcanzó estas relaciones con la nación del sudeste asiático hace 15 años y Xi Jinping ha estado presionando para elevar el status del vínculo a la llamada “comunidad de destino común” o “de futuro compartido” según las diferentes traducciones del mandarín. Este es uno de los particulares conceptos utilizados por la diplomacia china, de gran peso retórico pero que en sí mismo no significa ninguna iniciativa concreta.

A través de este plan China apunta a alinear el apoyo regional y reducir la desconfianza entre las naciones del sudeste asiático que alguna vez fueron estados tributarios de China. Varios países, incluidos Camboya, Laos y Myanmar ya establecieron lazos de este tipo lo cual se traduce principalmente en el apoyo permanente en foros multilaterales y organismos internacionales.

La diplomacia vietnamita ha ejercido un complejo equilibrio en sus relaciones con los grandes poderes en lo que llaman la “diplomacia del bambú” (raíces firmes, pero ramas flexibles).

Tal política ha traído importantes beneficios a Vietnam; la gran mayoría de su equipamiento militar proviene de Rusia; Estados Unidos realizó este año importantes inversiones en su industria de tierras raras y de microchips y sus empresas están moviendo sus fábricas allí desde China; y Japón le transfirió radares y buques patrulleros claves para ejercer su soberanía en las disputadas aguas del Mar del Sur de China.

Los medios vietnamitas, que en un régimen de partido único son controlados en su totalidad por el partido comunista, hablaron de la firma de 36 acuerdos con China tras la visita de Xi. Sin embargo, la información al respecto es poca y fue comunicada con un vago lenguaje. Se habló de cooperación en una variedad de cuestiones, incluidas propaganda; prevención del delito; comercio; transporte; economía digital y telecomunicaciones.

Donde sí se hizo foco es en la utilización de una potente lenguaje con el objetivo de demostrar a los chinos que no “perdieron” un país en su periferia a manos de potencias occidentales. Los medios oficiales vietnamitas hablaron de “futuro común”, calificaron la visita de “un nuevo hito histórico” y celebraron “la consolidación incesante de la confianza política con China, basada en el respeto mutuo, la cooperación equitativa en la que todos ganan” y “el respeto por la independencia, soberanía e integridad territorial”.

Es curioso que se utilicen estos términos ya que China y Vietnam tienen un conflicto por la soberanía sobre islotes y atolones en los archipiélagos Spratly y Paracel en el Mar del Sur de China. En este mar el reclamo chino se superpone al de Vietnam, Filipinas, Taiwán, Brunéi, Indonesia y Malasia. Su importancia estratégica radica por un lado en su centralidad en las cadenas logísticas internacionales y por otro en la presencia de calderos de pesca y potenciales recursos hidrocarburíferos.

Desde los 70s ocurren frecuentemente incidentes entre barcos de la guardia costera china, y sus milicias disfrazadas como pesqueros, y buques vietnamitas. Beijing es cada vez más asertivo en sus reclamos y ha construido islas artificiales militarizadas para proyectar su soberanía sobre las aguas circundantes.

El incidente reciente más relevante fue en 2019 en el Banco de arena Vanguard aunque hace meses un pesquero vietnamita acusó a un buque militar chino de dispararle con un cañon de agua. En 2014 el choque entre una embarcación china y una vietnamita desató protestas anti-chinas en Hanoi. Vietnam usualmente no hace públicos estos enfrentamientos en lo que es otra muestra de la minuciosa labor diplomática vietnamita.

Entre los acuerdos firmados el martes se encuentran planes para realizar patrullas militares conjuntas en el Golfo de Tonkin en el Mar del Sur de China y el establecimiento de una línea directa para comunicación sobre “incidentes inesperados derivados de actividades pesqueras en el mar”.

También se discutió un proyecto ferroviario de carga cerca de la frontera con China que podría incluirse en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, también conocida como Nueva Ruta de la Seda. En 2021 China terminó de construir un tren de alta velocidad en el vecino Laos que despertó el interés vietnamita por iniciativas similares.

También se habló sobre la posibilidad de trabajar juntos en la industria de minerales de tierras raras, un tema de gran interés tanto para Washington como para Beijing. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, Vietnam tiene la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo, después de China.  Actualmente el gigante asiático domina el procesamiento de estos minerales y así controla los precios de muchos de los materiales necesarios para teléfonos inteligentes, vehículos eléctricos, armas de alta tecnología y otros productos estratégicos.

Esta fue la tercera visita de Xi a Vietnam y la primera en los últimos seis años. Además es su cuarto viaje internacional desde iniciar su tercer mandato como presidente de China en marzo, luego de Rusia, Sudáfrica y Estados Unidos.

China ha sido el mayor socio comercial de Vietnam durante varios años, con un volumen de negocios bilateral de 175.600 millones de dólares en 2022. Este flujo es deficitario para Vietnam, que depende de China para conseguir insumos cruciales para su sector manufacturero. China tiene más de 26 mil millones de dólares invertidos en Vietnam, con más de 4.000 proyectos activos. Estados Unidos es el segundo mayor socio, lejos de China, con un comercio bilateral de 40 mil millones seguido de cerca por Japón.

En los últimos años, con el empeoramiento de las relaciones chino-estadounidenses, Dell, Google, Microsoft y Apple han trasladado partes de sus cadenas de suministro a Vietnam. Además, en la última visita de Biden, que fue acompañada de una gran comitiva empresarial, se cerró la compra por 10 mil millones de dólares de aviones Boeing por parte de la aerolínea estatal vietnamita. También se acordaron aportes de 100 millones por año durante 5 años para mejorar la industria de semiconductores vietnamitas, programa que también incluye el entrenamiento de personal y la transferencia de tecnología bajo la CHIPS act.

Para aprovechar su posición estratégica y promover su interés nacional, beneficiándose de la puja entre Estados Unidos y China, Vietnam demostró que no hay que ser idealista ni rencoroso. Vietnam tuvo guerras sumamente violentas con ambas potencias. En la famosa guerra de Vietnam, de la que EEUU participo entre 1964 y 1973, perecieron aproximadamente 3 millones de vietnamitas. En 1979 durante la guerra sino-vietnamita murieron otros 100.000. Sin embargo, hoy Vietnam se sienta a hablar con ambas naciones y ha logrado ser, según Statista, el país con mayor crecimiento promedio esperado del PBI para 2050.

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Augusto Loza
Augusto Loza

Estudiante avanzado de relaciones internacionales y ciencia política en la Universidad Austral. Redactor sobre contenido de Europa y Occidente.

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