Todos contra China

La "guerra" comercial entre Estados Unidos y China ha generado, hacia adentro del país americano, una unión bipartidista de "todos contra China"

En 2022, a 5 años del comienzo de la “guerra” comercial entre los Estados Unidos y China, el déficit de intercambio norteamericano fue de 382.000 mil millones de dólares, tan solo un 8,8% menos que cuando comenzó la disputa en 2018. El “desenganche” económico está fracasando.

Los Estados Unidos y la República Popular China se encuentran en una “guerra” comercial desde el año 2018 que se ha convertido en una de las pocas políticas bipartidistas en Washington. El entonces presidente Donald Trump impuso barreras proteccionistas a importaciones chinas por un valor de 300 mil millones de dólares.

La idea de la administración era balancear y eliminar el enorme déficit comercial que los Estados Unidos arrastraban con China. Recordemos que, para el 2018, la economía norteamericana importaba 538.500 mil millones de dólares de la nación asiática, resultando en un déficit de balanza comercial de 419 mil millones de dólares.

La disputa económica tenía, y aún tiene, un componente político y estratégico fundamental. El presidente Trump afirmaba que parte del déficit generado con China obedecía a prácticas comerciales deshonestas, robo de propiedad intelectual y manipulaciones cambiarias. China respondió imponiendo medidas impositivas retaliatorias sobre 100 mil millones de dólares de importaciones estadounidenses.

Para febrero de 2020, las partes habían llegado a un acuerdo por el cuál China se comprometía a comprar 200 mil millones de dólares más en productos a Estados Unidos sobre todo en agricultura, energía, manufacturas y servicios. Sin embargo, ese objetivo fracasó al año siguiente ya que China sólo había importó un 58% de lo acordado.

La nueva administración demócrata del presidente Joe Biden no ha levantado las medidas arancelarias que pesan sobre los productos chinos y ha aumentado las restricciones en sectores claves de la economía. En septiembre de 2022, el gobierno estadounidense anunció medidas para limitar el acceso a semiconductores, chips, herramientas y conocimientos que puedan ser utilizados para desarrollar la industria de semiconductores china. Estos productos pueden ser utilizados para el desarrollo y expansión de nuevas tecnologías como la Inteligencia artificial y la supercomputación con aplicaciones en la industria armamentística, el desarrollo de sistemas de control y monitoreo social. 

La tecnología y la economía son los ejes sobre los cuales la relación entre Estados Unidos y China se va a desarrollar en el futuro. Jake Sullivan, el asesor de Seguridad Nacional del presidente Biden, fundamentó las limitaciones de intercambio de tecnología avanzada con China diciendo que su gobierno quiere “mantener una ventaja lo más grande posible” en tecnologías como la inteligencia artificial que puedan ser “fuerzas multiplicadoras” en Defensa, control social y desarrollo económico

En perspectiva

El conflicto comercial entre las potencias más importantes no se resume en una mera cuestión de balanza comercial, sino que es sólo un síntoma de una disputa mucho más profunda. En la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos en 2022, se identificó a China como la mayor amenaza y competidor a la visión del mundo que sostiene Washington. Para la administración de Biden, “la República Popular China es el único competidor con la intención de reformar el orden internacional y, cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para hacerlo”. Así, la nueva política  consolidó una política bipartidista hacia China comenzada por Trump cuya “doctrina” indentificaba a China como una “potencia revisionista” del orden mundial

La diferencia en PBI entre ambos países se está reduciendo de una manera alarmante para Washington. Frente a esta situación, el comercio es la punta del iceberg de una competencia que se está desarrollando en todos los ámbitos entre las dos grandes potencias del momento.

Estados Unidos está buscando mantener la superioridad tecnológica de la que ha disfrutado desde el final de la Segunda Guerra Mundial, para lo cual necesita dominar las nuevas tecnologías como la IA, la supercomputación y el 5G, de modo de garantizar su rol de superpotencia mundial en términos económicos políticos y militares. Frente a esto, el persistente déficit comercial con China es una sangría no solo de recursos económicos hacia China, sino también es la continuación del flujo de capital, tecnología y “know how” hacia la economía asiática.

Washington está tratando de llevar a cabo un “desenganche” económico de China buscando  generar cadenas de valor que privilegien el desarrollo y la integración con aliados y países afines. Sin embargo, en 2022 el intercambio comercial con China aumentó un 2,5%, mientras que el déficit lo hizo en un 8,3%. La realidad es que a diferencia de la Guerra Fría, las economías de las dos grandes potencias están íntimamente relacionadas puesto que la disputa es una de hegemonía política y no de modelos ideológicos distintos.

Desde la Estrategia de Seguridad Nacional, sin embargo, Estados Unidos está tratando de presentar su disputa con China en clave de democracias contra autocracias en el escenario internacional. Esta idea enfrenta severas reticencias de países como Francia y Alemania que mantienen buenas relaciones con Beijing y se resisten a dejarse llevar por la política de Washington.

Las disputas comerciales son una de las variables más relevantes del conflicto por la hegemonía al cual asistimos. El ascenso y consolidación de China en los últimos 40 años generó una potencia capaz de disputarle a Estados Unidos el liderazgo y rearmar el sistema internacional para acomodarlo a sus intereses. Frente a esto, se ha desarrollado una de las pocas políticas bipartidistas del país norteamericnao: todos contra China.

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Ryan Leif Hillblad
Ryan Leif Hillblad

Asesor Político, especializado en Defensa y la relación entre Estados Unidos y China

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