Sudán: la guerra civil que no se ve

El miércoles pasado, las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) han atacado el pueblo de Wad al-Nourah, en el Estado de Gezira, donde provocaron la muerte de al menos ciento cincuenta ciudadanos, entre ellos treinta y cinco niños.

Desde abril de 2023, las Fuerzas Armadas y el grupo paramilitar de las FAR se disputan violentamente el liderazgo político de Sudán. Se trata de una guerra civil entre facciones militares que hasta el momento ha causado más de quince mil muertos, ocho millones de desplazados, dieciocho millones de ciudadanos que sufren hambre e innumerables casos de abuso.

Asimismo, las precarias condiciones de vida y la falta de acceso a los servicios básicos son la receta perfecta para la incubación de enfermedades. Efectivamente, los registros de Médicos sin Fronteras han detectado más de cien mil casos de malaria, cólera y sarampión. Además, los casos de desnutrición crecen exponencialmente día a día. Por si fuera poco, actualmente, el ochenta por ciento de los hospitales no pueden atender, dado a la falta de insumos.

Para poder entender el origen de la crisis en Sudán e identificar a las partes involucradas, es necesario remontarnos a 1989, momento en el que asume Omar Hasán Ahmad Al Bashir como presidente. 

Tras un golpe de Estado, el militar Al Bashir tomó el poder. El flamante mandatario reinó por treinta años bajo un régimen autoritario y fundamentalista. Dejó una herencia de pobreza, desigualdad y una profunda crisis económica devastadora.

En 2003, un grupo de rebeldes africanos no árabes en la ciudad de Darfur, se alzaron contra el gobierno cansados de la falta de oportunidades. Al Bashir respondió a las protestas con bombardeos en las ciudades y una limpieza étnica que terminó con la vida de más de trescientas mil personas. El “fundamento” -como si existiera alguna justificación válida para ponerle fin a la vida- que anunció el gobierno fue que los rebeldes constituían una amenaza para la conducción y estabilidad del gobierno. La milicia que llevó a cabo mencionada la limpieza étnica, -impulsada y financiada económica y militarmente por Al Bashir- es el origen de las FAR. 

Quince años después, en 2018, las Fuerzas Armadas, en alianza con las FAR desencadenaron la Revolución Sudanesa que destituyó a Al Bashir de sus funciones al año siguiente. Provisionalmente, se crea un Consejo Militar de Transición, conformado por civiles y militares, para tomar las riendas del país mientras que se fortalecieran las condiciones para poder finalmente convertirse en una democracia que garantizara los derechos y las libertades de cada ciudadano sudanés. 

Lamentablemente la ilusión de vivir en democracia se desvaneció tras un nuevo golpe de Estado en octubre de 2021, a través del que se instaura un gobierno militar liderado por el Jefe de las Fuerzas Armadas, Abdelfatah Al Burham, con el apoyo de las FAR, quienes boicotearon y reprimieron a los ciudadanos que estaban a favor de la democracia. 

El liderazgo de Abdelfatah Al Burham generó un conflicto con Mohamed Hamdan Dagalo, representante de las FAR, por el liderazgo del país que ha desencadenado una guerra que afecta a todo el país. 

¿Hasta cuándo el pueblo sudanés seguirá siendo víctima de la disputa por el poder entre los grupos militares? Lo que viven día a día los ciudadanos es un constante azar entre la vida y la muerte. Amanecen en situación de alerta, esperando no ser blanco de alguna de las facciones; pasan el día consumiendo las mínimas raciones -si es que cuentan con ellas-, dividiéndolas entre la comunidad y terminan el día sobreviviendo sin tener los servicios más básicos. 

La situación que atraviesa Sudán es crítica y urgente. La ONU ha llamado al alto al fuego en reiteradas oportunidades, pero la comunidad internacional ha decidido mirar para otro lado. Si bien es indispensable que se conozcan los hechos y se actúe en consecuencia de lo que está pasando tanto en Israel y Gaza, cómo en Rusia y Ucrania, la guerra en Sudán no es menos relevante. 

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Sofia Scally
Sofia Scally
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