Las sanciones como la herramienta predilecta de los Estados Unidos

La efectividad de las sanciones es altamente cuestionada, aunque sigue representando la principal respuesta norteamericana a las problemáticas globales.

Como potencia mundial, Estados Unidos posee una gran variedad de instrumentos para llevar a cabo su política exterior. Sin embargo, la realidad es que, siempre que se encuentre enfrentado a un conflicto que amenaza su seguridad nacional o sus ideales, probablemente la respuesta inmediata sea la implementación de sanciones económicas. En 2021, Estados Unidos añadió 765 nuevas sanciones a diversos territorios, individuos o compañías. Para dicho año, el país tenía vigente, en total, más de 9000 sanciones. 

El gigante occidental mantiene sanciones en todos los rincones del mundo, incluyendo África, Asia, Latinoamérica y Medio Oriente. Entre la lista de receptores se encuentran países como Venezuela, Cuba, Corea del Norte, Irán, Myanmar, Bielorrusia, Nicaragua y Siria. Además, ha procedido a la imposición de sanciones a dos grandes potencias: Rusia y China.

Actualmente, los paquetes de sanciones contra Rusia se deben a su invasión a Ucrania. A ello se le suman naciones o empresas que otorgan su apoyo a Rusia, razón por la cual pasan a la lista negra. Cabe resaltarse que Estados Unidos no se encuentra solo en esta tarea, sino que sus aliados occidentales acompañan con sus propias medidas. En palabras del Consejo Europeo, la Unión Europea impuso sanciones masivas y sin precedente contra Rusia.

Otra potencia sancionada por Estados Unidos es China, puntualmente por razones de seguridad nacional y competencia hegemónica. Por ello, las sanciones se centran en áreas que Estados Unidos considera relevantes para su posicionamiento en el escenario internacional, como el sector de los semiconductores

Tipos de sanciones

Las sanciones aplicadas no son siempre las mismas. En algunos casos, se trata de las denominadas sanciones generales, las cuales hacen referencia a la prohibición de realizar cualquier actividad comercial o financiera con un país o entidad. En dicha categoría caen Cuba, Irán, Corea del Norte, Rusia, Siria y Venezuela. 

En cambio, otros 17 países, entre los que se encuentran Afganistán, Nicaragua, Yemen y Bielorrusia, reciben sanciones selectivas. Estas no imponen una prohibición general, sino que restringen determinadas relaciones financieras o comerciales con empresas, individuos o gobiernos

Adicionalmente, cabe distinguir entre las sanciones primarias, las cuales restringen a sus propios ciudadanos y empresas de involucrarse con países sancionados, y las sanciones secundarias, las cuales buscan ejercer presión sobre extranjeros para que limiten o cesen sus actividades con dichos países

Como se puede ver, las sanciones no son dirigidas exclusivamente al Estado en sí, sino que los individuos, las empresas o ciertos territorios específicos también son susceptibles de ser sancionados. En este sentido, Estados Unidos sanciona a una gran variedad de compañías extranjeras, razón por la cual, por ejemplo, China ha pedido el “cese de la represión de las empresas chinas.

Si bien las sanciones se imponen de manera tal que no se dejen impunes las acciones de gobiernos conflictivos, su efectividad a largo plazo es altamente cuestionada. Las desventajas de las sanciones ponen en evidencia que su imposición no debe ser tomada a la ligera. 

Por ello, muchos defienden que el proceso de decisión a la hora de aplicarlas debería ser riguroso, contando con un análisis de sus efectos y si realmente alcanzan sus objetivos. Como expresó Richard Hass, diplomático y escritor estadounidense, en uno de sus estudios, las sanciones no deberían ser utilizadas como una herramienta expresiva en una manera no justificada por un análisis cuidadoso de los posibles costos y beneficios.

A continuación, se presentan las justificaciones que Estados Unidos otorga para la aplicación de sanciones y cuáles son sus posibles efectos negativos. 

La razón de ser de las sanciones

En primer lugar, al aplicación de sanciones debe entender como una respuesta rápida y menos peligrosa que tomar acciones militares. En este sentido, es la manera más utilizada para condenar situaciones que atentan contra la paz y la seguridad internacionales, como agresiones armadas, abusos en derechos humanos, terrorismo, corrupción, proliferación nuclear o impulsar cambios de gobiernos. 

Así, permiten denunciar acciones contrarias al orden internacional defendido por Estados Unidos, lo cual viene de la mano de la imposición de valores democráticos. Además, Estados Unidos puede solicitar las modificaciones deseadas en el comportamiento de determinado Estado a cambio de quitar o no aplicar sus sanciones.

En algunos casos, las sanciones cumplieron su propósito en limitar el desarrollo de ciertas acciones. Sin embargo, su efectividad es limitada y puede tener efectos adversos, lo que abre un debate respecto a si las sanciones deberían ser la primera herramienta seleccionada frente a las problemáticas globales, o si, por el contrario, existen mejores alternativas. 

Un empujón hacia el bando contrario

Frente a las medidas coercitivas norteamericanas, China o Rusia han encontrado la posibilidad de impulsar alianzas con países sujetos a sanciones norteamericanas. El tener un enemigo común los une y, como consecuencia, aumentan los riesgos para Estados Unidos y sus aliados. Así, los sistemas liderados por los norteamericanos comienzan a ser vistos como nocivos por ciertas naciones, las cuales empiezan a impulsar mayores relaciones con China.

De este modo, este grupo de países busca depender en menor medida de Estados Unidos para girar hacia otras potencias. Algunos de ellos buscan maneras de reducir su dependencia al sistema financiero occidental y al dólar.

Además, el gigante asiático ofrece un gran mercado para recibir las exportaciones que los países ya no dirigen hacia Norteamérica. Este es el caso de Rusia, país que, luego de su invasión a Ucrania, se vio obligado a aumentar sus exportaciones de gas y petróleo hacia China, alcanzando un nivel récord de 2,01 millones de barriles por día en febrero.

Este dilema no es nuevo. Un gran ejemplo histórico se pudo ver frente a la amenaza en Cuba. Diferentes líderes, como el expresidente argentino, Arturo Frondizi, le advirtieron a Estados Unidos que aislar a Cuba significaría su radicalización y giro hacia la Unión Soviética. En este contexto, al igual que con lo sucedido posteriormente con Venezuela y Corea del Norte, las sanciones no generaron un cambio de gobierno y, por el contrario, los impulsaron hacia el bando contrario

Las sanciones en un mundo interdependiente

Las economías de hoy están altamente interconectadas, incluso entre naciones enemigas. Por lo tanto, al imponer sanciones contra países con los cuales las relaciones económicas son relevantes, se terminan generando consecuencias negativas para su propio territorio

Así, en el año 2022, se alcanzó un nivel récord de comercio de bienes entre Estados Unidos y China, a pesar de las disparidades políticas entre ambos. La aplicación de sanciones hacia China inevitablemente trae efectos nocivos para Estados Unidos.

Estados Unidos no puede aplicar dichas medidas sin tener en cuenta los efectos dentro de sus propias fronteras. El gigante norteamericano no puede sancionar a las empresas chinas sin perjudicar a sus propias empresas, y no puede restringir el gas ruso sin afectar su propia economía. De este modo, las sanciones a grandes socios comerciales pueden generar menores ingresos para las compañías e individuos norteamericanos y complicaciones para su economía.

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Camila Turner
Camila Turner
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