La disputa tecnológica del siglo XXI: la Geopolítica de los Chips

Los microchips son insumos esenciales de la industria moderna, tanto civil como militar. Tras la escasez de estos en la pandemia, las potencias buscan asegurar su cadena de suministros, modificando el status quo actual.

En el presente siglo asistimos a la Cuarta Revolución Industrial, también conocida como Industria 4.0. Este concepto se refiere a la integración de tecnologías avanzadas en los procesos de fabricación y producción. Aquí se encuentran una amplia gama de tecnologías innovadoras como la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas (IoT), la robótica avanzada, la realidad aumentada, el big data, y la computación en la nube. 

Estas tecnologías permiten la creación de fábricas inteligentes donde los sistemas están altamente automatizados, conectados y optimizados para mejorar la eficiencia, la flexibilidad y la personalización de los productos. En este marco, un insumo esencial para la industria 4.0 son los microchips. Estos circuitos integrados diminutos son centrales en muchas de las tecnologías que impulsan la industria 4.0, ya que permiten la interconexión y la comunicación entre dispositivos y máquinas, el procesamiento de grandes volúmenes de datos, la ejecución de algoritmos de IA, entre otras cuestiones.

En la década de los 90, con la globalización en auge y la liberalización comercial, las corporaciones de los países desarrollados comenzaron un proceso de deslocalización de la producción con la búsqueda de reducir sus costos. Las empresas trasladaron sus operaciones de manufactura a países con mano de obra más barata y regulaciones laborales menos estrictas, principalmente en Asia.

Las fábricas de microchips no fueron la excepción. Empresas como Intel y AMD establecieron sus plantas de fabricación y ensamblaje en países como Japón, Corea del Sur, Taiwán y China. Esto generó que distintas empresas asiáticas como Samsung, TSMC, SMIC, se especializaran y comenzaran a competir debido a las economías de escala, para luego pasar a liderar la producción, tanto en términos tecnológicos como por capacidad de producción.  

Como explica Gun Woo para la BBC, «compañías como Qualcomm, Apple o Nvidia solo diseñan circuitos integrados de semiconductores, pero normalmente no tienen los equipos ni las máquinas para hacerlos. TSMC sí los tiene. Hablamos de equipos muy caros y establecer una fábrica normalmente requiere una inversión de varios miles de millones de dólares, con el riesgo de que la tecnología quede rápidamente obsoleta«.

Tensiones de la cadena de suministro

La primer revisión de este status quo, por el cual las empresas asiáticas abarcaban más del 91% del mercado – sobretodo Taiwán y Corea del Sur en lo que respecta a los chips más avanzados – comenzó por parte de China, luego de las sucesivas contiendas contra Donald Trump, en lo que se conoció como la “Guerra Comercial”. En ese marco, ante las sanciones norteamericanas, el gigante asiático comenzó a impulsar la fabricación local de los chips para evitar verse bloqueado en un futuro por sanciones norteamericanas de este insumo tan preciado, tanto para la producción civil como militar.

El segundo momento de revisión del status quo se dio en la pandemia del Covid-19. Este fenómeno fue un verdadero punto de inflexión, ya que se generó una escasez de microchips que llevó a un parate industrial importante durante la pandemia. Siguiendo a la BBC, las restricciones vinculadas al confinamiento dispararon las ventas de computadoras y otros dispositivos para que las personas pudieran realizar el “home office”, además de la compra de nuevos dispositivos para ocupar el tiempo libre. 

Al mismo tiempo, la industria automotriz, una de las principales demandantes de microchips, vio interrumpida su producción por una caída abrupta en la demanda. Por lo tanto, los fabricantes de chips cambiaron sus líneas de producción, reorientando la oferta hacia productos electrónicos. El problema sucedió cuando, en el tercer trimestre del 2020, las ventas de automóviles se recuperaron “más rápido de lo previsto, mientras que la demanda de productos electrónicos de consumo continuó sin cesar”.

Estos hechos llevaron a una escasez de chips que repercutió en que muchas fábricas de automóviles, entre otras fábricas, tuvieran que detener su producción. El shock de demanda no tuvo correlación en la oferta, por lo que se dispararon los precios. Esto evidenció la dependencia que tienen las economías desarrolladas sobre los chips como insumos esenciales, al mismo tiempo que reflejó su importancia para la producción de muchas industrias, incluida la militar. Es en este contexto, donde comienza una auténtica disputa tecnológica entre las potencias para llevar a las fábricas de chips más cerca de su territorio, disminuyendo el riesgo de la cadena de suministros.

De este modo, las principales potencias comenzaron a elaborar políticas públicas para atraer la fabricación de chips a sus territorios y disminuir la dependencia de países asiáticos, que además se ven envueltos en un creciente riesgo político por la cuestión de Taiwán y su disputa soberana con la República Popular China. Para este artículo, nos centraremos en Estados Unidos, la Unión Europea y China.

Estados Unidos

Por un lado, Estados Unidos busca dar señales de su protección a Taiwán, para quitar cualquier pretensión china de intervenir la isla, cosa que pondría en peligro la cadena de suministro actual. Por otro lado, comenzó un proceso de relocalización de empresas en su país, para asegurarse la cadena de suministros. En esta dirección, el congreso sancionó la Ley de Chips y Ciencia, que asigna aproximadamente 52 mil millones de dólares para este fín.

Como comentamos en otros artículos, TSMC e Intel, ya fueron beneficiados con fondos previstos por esta ley. No obstante, las políticas de EEUU fueron más allá, por lo que se dedicó a aplicar sanciones y prohibiciones a empresas chinas que necesitan chips de alta tecnología. En primer lugar, sancionó a Huawei prohibiendo la compra de una serie de componentes importados, incluidos importantes chips de Qualcomm Inc, alegando que los equipos de Huawei y su red 5G podrían utilizarse para el espionaje. En segundo lugar, en octubre del 2022 prohibió las exportaciones de chips avanzados al gigante asiático, bajo el paraguas de la “seguridad nacional”.

China

El gigante asiático también establece su propio régimen de incentivos para la instalación de fábricas de chips en su país. Se calcula que ha invertido aproximadamente 150 mil millones de dólares. Aun así, China solo produce el 15% de los chips y consume aproximadamente el 75% de lo producido, por lo que es altamente dependiente de las importaciones. De esta manera, actualmente gasta más en la importación de chips que en petróleo.

Con posterioridad a las sanciones norteamericanas sobre Huawei, la empresa anunció en septiembre del 2023 el lanzamiento de un nuevo microchip Kirin 9000S, fabricado íntegramente en China y presente en el Huawei Mate 60 Pro 5G. Consiguiendo producir chips de alta tecnología de manera local, por lo que, las sanciones norteamericanas, en lugar de aumentar la brecha tecnológica, la ha disminuído. 

De todas maneras, China tiene un largo camino por recorrer. La última novedad fue el relanzamiento de la tercera etapa del  “Fondo Nacional de Inversión en la Industria del Circuito Integrado”, un programa a través del cual se reúnen fondos de capital de gobiernos locales y empresas estatales. En esta etapa, el también conocido como “Big Fund”, se propone recaudar más de 27 mil millones de dólares.

Unión Europea

Europa está bastante lejos de estos dos gigantes. No obstante, ha sancionado su propia ley de chips europea, con la cual busca realizar inversiones públicas de 43.000 millones de euros. Su principal objetivo consiste en producir por lo menos el 20% de la producción mundial para el 2030, logrando el autoabastecimiento. En este caso, al no poder apoyar a empresas propias, apoya a las norteamericanas, dentro de las cuales está Intel, una de las más importantes y beneficiada por este régimen de incentivos.

Es importante mencionar que en Europa se encuentra ASML, una empresa de países bajos que prácticamente monopoliza la producción de los retroproyectores necesarios para elaborar chips de alta tecnología. Las máquinas son adquiridas por Intel, TSMC y Samsung, ya que por el momento, Estados Unidos ha podido evitar que éstas sean exportadas a China.

Reflexiones finales

La Cuarta Revolución Industrial, ha resaltado la importancia crucial de los microchips en una amplia gama de aplicaciones, desde la inteligencia artificial hasta el Internet de las Cosas. A medida que la demanda global de estos componentes se intensifica, las tensiones en la cadena de suministro y las dinámicas geopolíticas han demostrado ser factores críticos que moldean la industria.

El escenario actual, donde Estados Unidos, China y la Unión Europea compiten por asegurar y desarrollar capacidades locales de fabricación de chips, subraya la creciente percepción de estos componentes como activos estratégicos esenciales para la seguridad nacional y la competitividad económica. Motivo por el cual los países ejecutan políticas públicas que siguen su interés nacional por sobre cualquier teoría económica o comercial, e incluso por encima de normas y estándares internacionales, como los regidos por la OMC.

Sin embargo, mientras las potencias buscan reducir su dependencia de las fábricas asiáticas, el reto reside no sólo en construir infraestructura y capacidades, sino también en mantenerse a la vanguardia de la innovación en un campo donde los avances tecnológicos son rápidos y continuos.

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Lisandro Matamala
Lisandro Matamala

Estudiante avanzado de la licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario. Mis áreas de interés son la economía y las finanzas internacionales, centrándome especialmente en la intersección de éstas con la geopolítica mundial.

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