La controversia detrás de la entrega de municiones de racimo a Ucrania: causas y repercusiones

Por qué la entrega planificada de municiones de racimo a Kiev ha generado un importante revuelo político tanto dentro de la OTAN como en el ámbito internacional.

El 6 de julio de 2023, el presidente Biden aprobó el suministro de municiones de racimo por parte de Estados Unidos a Ucrania en respuesta a la solicitud de este país de recibir más armamento para defender su territorio de la invasión rusa. Como resultado, se autorizó la extracción de estas armas de los arsenales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

Este controvertido armamento ahora forma parte de un nuevo paquete de asistencia militar por valor de 800 millones de dólares anunciado por el Pentágono en Washington el pasado viernes. Sin embargo, esta acción ha generado reclamos y protestas de varios países, incluidos algunos socios de la OTAN, por las siguientes razones:

Peligrosidad posterior a su uso

Las bombas de racimo son armas diseñadas para dispersar numerosas submuniciones explosivas en un área extensa. Existen diferentes tipos y diseños, y pueden ser lanzadas desde aviones, helicópteros o sistemas de artillería terrestres mediante cohetes o proyectiles.

Al abrirse, liberan múltiples submuniciones o bombetas que pueden estallar al impactar en el suelo o sobre los objetivos seleccionados, o pueden programarse para detonar después de un tiempo determinado o cuando detectan la presencia de un objetivo cercano. Estas submuniciones representan un peligro significativo una vez terminado el conflicto, ya que pueden convertirse en minas terrestres y representar un riesgo altamente peligroso para la población civil y quienes intenten remover los explosivos.

Existencia de un tratado que prohíbe su uso

El 30 de mayo de 2008, en Oslo, Noruega, se firmó la Convención sobre Municiones en Racimo (CMR), un tratado que prohíbe el uso, la producción, la transferencia y el almacenamiento de bombas de racimo. Fue adoptado por 125 países y entró en vigor el 1 de agosto de 2010.

A través de este tratado, los países firmantes se comprometieron a no utilizar municiones en racimo en ninguna circunstancia, destruir sus existencias de municiones en racimo y brindar asistencia a las víctimas afectadas. A pesar de que Estados Unidos, Ucrania y Rusia no son parte de la convención, 23 miembros de la OTAN la han ratificado.

Alta tasa de fallas

Otra polémica relacionada con el uso de estas armas es su alta tasa de mal funcionamiento. Esta tasa se refiere a la probabilidad de que un proyectil no alcance su objetivo o falle en su función prevista. En el caso de los proyectiles de artillería que contienen submuniciones, como el Proyectil de Artillería M26, también conocido como M26 DPICM, se ha reconocido que tienen una tasa de «falla» del 6%. Esto significa que podrían quedar sin explotar un número significativo de submuniciones, lo cual representa un riesgo considerable.

La entrega de bombas de racimo por parte de Estados Unidos a Kiev, respaldada por legisladores demócratas y republicanos, ha generado tensiones significativas con algunos aliados de Estados Unidos en Europa debido a las implicancias de su uso y las posibles terribles consecuencias una vez que finalice el conflicto.

Es evidente que Ucrania necesita armamento para mantener sus operaciones militares ofensivas y defensivas, y la artillería desempeña un papel central en este conflicto. Sin embargo, la existencia de proyectiles de racimo en los arsenales estadounidenses parece ser una solución fácil para la escasez de municiones, pero esta decisión ha resultado ser sumamente controvertida debido a la Convención sobre Municiones de Racimo, un tratado internacional que prohíbe este tipo de armamento y que ha sido ratificado por más de 120 Estados.

El principal problema radica en las submuniciones no explotadas que pueden quedar dispersas en amplias zonas y representar un alto riesgo para los civiles, ya que pueden confundirse con objetos inofensivos y detonar si se manipulan de manera inadecuada.

En conclusión, la entrega de municiones de racimo a Ucrania ha generado un fuerte debate a nivel político y ha suscitado preocupaciones legítimas en la comunidad internacional. Las bombas de racimo representan una amenaza significativa para la seguridad de la población civil debido a la presencia de submuniciones no detonadas, que pueden convertirse en minas terrestres y causar daños incluso mucho después de que termine el conflicto.

Todo ello resalta la importancia de buscar alternativas más seguras y efectivas para la defensa y protección de Ucrania. Si bien la situación actual en este país es compleja y requiere medidas de seguridad adecuadas, es fundamental considerar las consecuencias humanitarias y los compromisos internacionales existentes en la toma de decisiones relacionadas con la entrega de armas de este tipo. Es necesario buscar soluciones que respeten los derechos humanos y minimicen el sufrimiento de la población civil, mientras se garantiza la seguridad y defensa de Ucrania en el contexto de la invasión rusa.

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Guillermo Castellanos
Guillermo Castellanos

Doctorando en Estudios Internacionales por la Universidad Nacional de Córdoba, Magíster en Estrategia y Geopolítica, Licenciado en Estrategia y Organización por la Universidad de la Defensa Nacional. Además es Técnico Superior en Estadística; Analista en Programación Administrativa por el Instituto Superior Juan XXIII; Técnico Universitario en Higiene y Seguridad por la Facultad de Ingeniería del Ejército y es Militar Retirado -Coronel- del Ejército Argentino- Fuerza en donde realizó diferentes cursos de formación (en el país y en el exterior), entre los cuales se destaca el de Oficial de Estado Mayor; habiendo participado además en distintas Operaciones Militares de Paz de la ONU en Chipre y en Haití (en dos oportunidades) y con la OTAN (Kosovo). Actualmente se desempeña como profesor en la Universidad Siglo 21 y en el Centro de Estudios Internacionales “Córdoba Global”.

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