El regreso del hard power a la política internacional

El año 2022 ha estado marcado por un gran aumento en el gasto militar a nivel global.

El gasto armamentístico mundial ha venido aumentando consistentemente durante los últimos ocho años. Desde el año 2015, se observa un incremento sostenido del gasto total en Defensa, proyectándose de esta manera como una tendencia a consolidarse de cara hacia el 2024 y los años posteriores. Esta situación está motivada principalmente por un deterioro de las instituciones de gobernanza global y una competencia entre las potencias mundiales, sobre todo en Europa y Asia Pacífico. 

El aumento del gasto global en 2022 fue del 3,7% con respecto al año anterior, muy por encima del aumento del 0,7% del 2021 con respecto al 2020, alcanzando así los 2,2 billones de dólares gastados en Defensa en el mundo.

Desde comienzos de la década de 1990, y hasta 2001, los gastos militares se redujeron debido, fundamentalmente, al fin de la Guerra Fría. Durante la primera década del siglo XXIlos gastos aumentaron en concordancia con el ascenso de China y la guerra contra el Terrorismo a nivel mundial. Esto fue seguido por un periodo de amesetamiento hasta el 2015, cuando el gasto comenzó a crecer nuevamente. 

Estamos asistiendo en los últimos años a un deterioro de la gobernanza global organizada bajo reglas comunes. Esta situación se explica, por un lado, por un debilitamiento de los Estados Unidos como garante del orden global post caída de la Unión Soviética, y por otro, por la emergencia de nuevos liderazgos globales. El mundo está atravesando un proceso de transición hacia un mundo multipolar, con la emergencia de China y una mayor asertividad de la Federación Rusa. Estos ascensos dan lugar a situaciones que cuestionan las reglas hasta el momento establecidas. El mejor ejemplo de esta nueva realidad es la invasión rusa a Ucrania, que desencadenó la oposición directa de la OTAN.

Dada la información existente, no cabe ver a futuro una situación de estabilidad. Nos encontramos en un proceso de transición en la gobernanza global en donde se cuestionan los fundamentos del sistema existente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Frente a la incertidumbre, los estados están recurriendo a reaseguros de poder fáctico para hacer frente a la inestabilidad general; esto es, capacidades militares.

Los aumentos en gasto militar se centran en algunos jugadores internacionales. Por un lado, Estados Unidos enfrenta una reducción de su poderío en comparación con la competencia de Rusia y China, quienes han sido identificados como las principales amenazas a su Seguridad Nacional.

El presupuesto de Defensa del país norteamericano ha venido aumentando desde el año 2017, con la llegada del presidente Trump a la Casa Blanca. La principal preocupación desde entonces es mantener la ventaja en el campo tecnológico, lo cual ha llevado a un aumento del 24% en Investigación y Desarrollo para la Defensa en la última década.

En Asia, China ha aumentado su presupuesto durante los últimos 28 años, siendo el último incremento del 7,2% de cara al 2023, muy superior al aumento del 4,2% del año anterior. Esto responde a un deseo de fortalecer al Ejército Popular de Liberación como columna de apoyo de la nueva potencia económica china. El gasto en Defensa se ha visto acompañado de medidas más ofensivas en la región, con despliegues navales y construcción de islas artificiales en aguas disputadas con sus vecinos.

De esta manera, el Asia Pacífico se configura como un escenario de disputa con Estados Unidos y sus aliados regionales. Países como India, Japón, Indonesia y Australia están aumentando sus presupuestos para hacer frente a las nuevas capacidades chinas, con una Armada que ya posee dos portaaviones y está por lanzar un tercero.

En este sentido, Taiwán es un potencial punto de conflicto, dado el constante deseo de Beijing de imponer la reunificación de la isla con el continente. Esto está llevando a la isla a aumentar su gasto en Defensa y a los Estados Unidos a prestar atención y recursos en el área. 

El gasto militar en el sudeste de Asia aumentó un 4% del 2021 al 2022. La creciente presencia de fuerzas militares chinas en la región con capacidad y voluntad para ser empleadas está llevando a los vecinos a armarse. En abril de este año, en represalia al viaje de la primera ministra de Taiwán a Estados Unidos, China llevó a cabo maniobras militares que simularon un bloqueo marítimo a la isla. No es coincidencia que, por ejemplo, Japón se haya comprometido a elevar el gasto en Defensa al 2% de su PBI para 2027, lo que representa un aumento del 60% del gasto en 5 años. Por otro lado, conflictos regionales como el crecimiento del programa nuclear de Corea del Norte ha llevado a Corea del Sur a presentar un plan de aumento del gasto en Defensa hasta 2027 del 6,8% anual.

La guerra en Ucrania continúa siendo un catalizador de aumentos de defensa en Europa. La vuelta de un conflicto bélico al continente ha dejado claro a los estados europeos que Rusia representa una amenaza real y tangible. La OTAN ha anunciado un cambio radical en su estrategia, anunciando el fin de Fuerza de Despliegue Rápido de 40.000 soldados, dando paso a la posesión de 300.000 efectivos con capacidad de despliegue. Esto se verá acompañado de un incremento del gasto de los países miembro, incluyendo la recientemente incorporada Finlandia y la potencial incorporación de Suecia.

Alemania, por su parte, anunció un paquete de 100.000 millones de euros para el área militar, lo que llevará su gasto al 2% del PBI en los próximos 3 años, convirtiéndose en el tercer país con mayor gasto militar, solo después de Estados Unidos y Rusia. A su vez, Reino Unido ha anunciado incrementos con el objetivo de alcanzar gastos equivalentes al 2,5% de su PBI para 2030. Cabe resaltar que los aumentos más significativos se observan en los países que sienten más cerca la amenaza rusa, como Finlandia (36%), Lituania (27%), Suecia y Polonia (11%). De esta manera, el este de Europa ha aumentado su gasto en un impresionante 58%, alcanzando niveles propios del fin de la Guerra Fría. 

Esta realidad de aumentos focalizados no se observa particularmente ni en América Latina ni en África, cuyos países en su mayoría escapan a la nueva lógica. El gasto está centrado principalmente en las potencias globales que se sienten amenazadas o buscan proyectar su poder por medio del elemento militar.

Argentina, en los últimos 10 años, redujo su gasto en Defensa del ya exiguo 0,8% PBI al 0,6% del PBI en 2021. Por el contrario, Chile mantiene un gasto cercano al 2% del PBI, mientras que Brasil oscila entre un 1,2% y 1,4% del PBI. Frente a la incertidumbre internacional y las disputas por zonas de influencia globales, Argentina parece desconocer la nueva tendencia y la nueva realidad internacional, hecho que se agrava por la apuesta histórica del país a un sistema global basado en organismos internacionales y sus reglas, que rápidamente está desapareciendo. 

El deterioro de la gobernanza global incrementará la competencia entre Estados Unidos y China, con Rusia como su socio menor, lo que permite deducir que los próximos años garantizarán un aumento sostenido de los gastos en capacidades militares. A su vez, el ascenso de China con una mayor proyección de poder en el Asia Pacifico generará un aumento del gasto militar de sus vecinos con los cuales tiene disputas territoriales y políticas. Veremos además, que Europa aumentará su presupuesto militar como disuasión frente a posibles nuevas amenazas rusas al continente.

Compartí tu opinión
Ryan Leif Hillblad
Ryan Leif Hillblad

Asesor Político, especializado en Defensa y la relación entre Estados Unidos y China

Artículos: 40

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *