El primer ministro australiano visita China y logra una mejora en las relaciones luego de variados conflictos

Un repaso por las diferentes desavenencias entre dos grandes socios comerciales y por los recientes logros alcanzados para cambiar esta tendencia.

La visita de Estado de cuatro días se considera un punto clave para descongelar las relaciones después de una serie de disputas comerciales y de seguridad. El viaje incluyo paradas en Shanghai y Beijing y reuniones con el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Qiang.

El primer ministro laborista Anthony Albanese ha mostrado un cambio en la postura australiana frente a China en comparación con la administración anterior del liberal Scott Morrison. En este marco fue que a inicios de la semana realizó el primer viaje de un líder australiano a China en 7 años.

Una relación sólida «será beneficiosa en el futuro», dijo Albanese a Xi en lo que fue su segunda conversación cara a cara en el año. La reunión duró más de una hora y según lo que Albanese contó a la prensa el tono fue sumamente amistoso. Xi habló sobre sus visitas a Australia y describió a los demonios de Tasmania como lindos, dijo el líder australiano. Cuando Albanese dijo que probablemente no eran tan lindos como los pandas, Xi respondió que no todos los pandas eran lindos, citando la película Kung Fu Panda. También discutieron de vinos y Xi bromeó con que los vinos neozelandeses eran mejores que los australianos.

El viaje tiene una gran importancia simbólica ya que, aunque estos países son grandes socios comerciales, las relaciones empeoraron fuertemente luego de una serie de desacuerdos en los últimos años. Las grietas aparecieron en 2018, cuando el anterior gobierno de Australia prohibió a la empresa china Huawei desplegar la red 5G en el país, alegando «preocupaciones de seguridad».

Tiempo después Australia criticó la represión de Beijing contra los manifestantes de Hong Kong y encabezó pedidos de una investigación independiente sobre los orígenes del Covid-19. A esto le siguió la imposición de una serie de aranceles y restricciones chinas sobre bienes australianos que afectaron la industria australiana en un valor estimado de 20.000 millones de dólares. Entre los muchos productos afectados se encontraron la cebada, la carne de vaca, el vino, el carbón, la madera y la langosta.

 A estas sanciones que el entonces líder aussie Scott Morrison denominó «coerción económica» le siguió la decisión histórica de Australia de unirse al pacto de seguridad Aukus, considerado ampliamente como un compromiso a largo plazo para contrarrestar a China en el Indo-Pacífico. Es mediante el auspicio de esta alianza que Australia está fabricando actualmente submarinos nucleares.

Además, un nuevo round en esta serie de conflictos ocurrió en julio de este año debido a la influencia china en las naciones isleñas del Pacífico, donde Australia ha desempañado un rol de liderazgo durante mucho tiempo. Un pacto de seguridad firmado entre China y las Islas Salomón permitió a tropas chinas desembarcar en las islas para ayudar a pacificar un clima de fuerte crisis social. Australia había mandado fuerzas de seguridad previamente y buscó boicotear el acuerdo con China que ocurrió de todos modos.

En abril de este año el ministerio de defensa australiano publicó un informe donde aboga por la compra de misiles de largo alcance, que puedan proyectar las capacidades ofensivas australianas sobre territorio chino. Además, en el contexto de la escalada de tensiones en el Mar del Sur de China y de su participación en foros de seguridad como el Aukus y el Quad, Australia compró 220 misiles crucero a Estados Unidos por 900 millones de dólares.

Pero cuando se trata de comercio estos países no pueden permitirse el lujo de separarse unos de otros y en el contexto del derisking occidental China necesita mantener la relación con su gran socio. En el apogeo de su relación comercial en 2020, casi la mitad de las exportaciones de Australia se dirigieron a China. A modo de comparación, en el mismo periodo aproximadamente el 9% de todas las exportaciones estadounidenses y sólo el 5% de las exportaciones británicas se dirigían a China.

China es el mayor socio comercial de Australia, con un comercio bidireccional que ascendió a 287.000 millones de dólares en 2022. En lo que va de año, las importaciones chinas desde Australia han aumentado un 8,4%.

La voluntad de mejorar el vínculo se evidencia, además de en el viaje, en gestos como la liberación del periodista australiano Cheng Lei el mes pasado. Lei estuvo detenido en China durante 3 años bajo cargos de amenaza a la seguridad nacional. Sin embargo, Yang Hengjun, otro escritor australiano de ascendencia china sigue preso por cargos de espionaje desde 2019.

En este cambio de tendencia también hay que resaltar la progresiva eliminación de algunas de las barreras que había impuesto China a los productos australianos, en enero levantó la prohibición a la importación de carbón australiano y en agosto terminó con las tarifas a la cebada. Beijing también accedió a revisar las tarifas sobre el vino que alcanzan hoy un 213%, siendo calificadas como dumping, y se calcula cuestan a la industria vitivinícola australiana 1300 millones de dólares.

Por su parte, Australia suspendió las acciones que había tomado contra China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y dio luz verde al arrendamiento chino de un puerto crítico en Darwin, ciudad al norte de Australia dónde EEUU opera una base militar.

Marines de EE.UU llevan a cabo ejercicios en el extremo norte australiano

La visita a China fue un tema que Albanese discutió en Washington, donde estuvo en una visita de Estado hace 2 semanas. Allí dijo ante los periodistas americanos que «Necesitamos cooperar con China donde podamos, estar en desacuerdo donde debemos y comprometernos con nuestro interés nacional”. «Confiar, pero verificar» fue el consejo de despedida del presidente estadounidense Joe Biden cuando se le preguntó si Australia podría seguir haciendo negocios con Beijing en el actual clima de seguridad.

El viaje también coincide con el 50 aniversario de la icónica visita de Gough Whitlam a China para reunirse con Mao Zedong en 1973, lo que marcó el primer viaje de un primer ministro australiano después del establecimiento de relaciones diplomáticas.

La economía de estos dos países está fuertemente ligada. La transformación de China en una superpotencia económica creó una enorme demanda para las exportaciones australianas de hierro, carbón y gas. Esto ayudó a Australia a capear las recesiones globales logrando décadas de crecimiento ininterrumpido. También condujo a fuertes intercambios interculturales: hoy en día, el 5,5% de la población de Australia tiene ascendencia china.

En 2014 ambos países firmaron un acuerdo de libre comercio por el cuál el 94% de las exportaciones australianas a China quedaron exentas de tarifas.

Algunos expertos predicen que Beijing busca un mayor acceso a los importantísimos recursos minerales y sectores de energía renovable de Australia, pero en los últimos años, el gobierno australiano ha tomado medidas para inhibir la propiedad china de proyectos mineros críticos.

Este acercamiento a China coincide con el reciente fracaso del acuerdo de libre comercio negociado durante años entre la Unión Europea y Australia.

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Augusto Loza
Augusto Loza

Estudiante avanzado de relaciones internacionales y ciencia política en la Universidad Austral. Redactor sobre contenido de Europa y Occidente.

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