El Ártico se encuentra física y políticamente caliente 

El traspaso de la presidencia del Consejo del Ártico de manos de Rusia a manos de Noruega ha despertado nuevamente los debates sobre la posibilidad de cooperación en el Ártico en el marco de la guerra ruso-ucraniana.

En mayo de este año, Rusia le entregó la presidencia bianual del Consejo del Ártico a Noruega. En el acto de transferencia del poder, realizado a puertas cerradas, se reunieron los líderes de ocho Estados del Ártico y seis organizaciones indígenas.

Desde la invasión de Rusia a Ucrania, las reuniones oficiales del Consejo estuvieron suspendidas, a pesar de que, en junio de 2022, se reanudaron los proyectos que no incluían la participación directa de Rusia.

Los Estados miembro del Consejo, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, obviando a Rusia, dijeron que no enviarían representantes a las reuniones del Consejo en Rusia, aunque siguen comprometidos con la cooperación en el Ártico. De esta manera, los 130 proyectos circumpolares del Consejo, los cuales abordan desde el ámbito científico hasta el transporte marítimo y el suicidio de jóvenes indígenas, han pagado el precio.

Tras el cambio de liderazgo, Noruega pretende reactivar el trabajo en el Consejo, pero sin levantar el aislamiento a Rusia que se había decretado el año pasado. “Nuestro objetivo es que el Consejo Ártico reanude su importante trabajo durante la presidencia noruega. Exploraremos con el resto de Estados miembros cómo se puede lograr esto en la práctica. El contacto político con Rusia no es posible pero seguiremos siendo predecibles en nuestro trato con Rusia”, señaló en un comunicado la ministra de Exteriores noruega, Annika Huitfeldt.

Sin embargo, esto lleva a la pregunta de cómo se va a poder seguir avanzando con los proyectos del Ártico en este contexto, sin la participación de su principal actor geográfico. Recordemos que Rusia abarca el 45% del Ártico geográfico. Además, las posesiones árticas de Rusia suman una superficie de 3 millones de kilómetros cuadrados, el 18% de la totalidad del país, y viven en ellas cerca de 2,4 millones de rusos, el 40% de la población total del Ártico. Esto implica que tanto las rutas de navegación dependen de sus aguas como la investigación climática depende de los datos recopilados por Rusia.  

Entonces, uno podría preguntarse: ¿Qué es exactamente este grupo ahora?

Primeramente, el Consejo del Ártico fue creado en 1996 con el objetivo de fomentar la paz del Alto Norte tras la Guerra Fría. La particularidad de este grupo internacional es que está formado por líderes indígenas como partes interesadas iguales. Vale destacar que, también, asisten a las reuniones 13 Estados observadores, entre los que se encuentran Alemania, China, Corea del Sur y Japón. Si bien estas son naciones no árticas, comparten interés en la región.

La contaminación fue el primer problema que despertó la atención mundial. Fue en 1991 que Finlandia lanzó el Programa de Vigilancia y Evaluación del Ártico (AMAP, por sus siglas en inglés), el cual nació como un proyecto de posguerra que pretendía monitorear la contaminación en todo el extremo norte.

En el marco del AMAP, se descubrió que la sangre de las especies y los pueblos del Ártico contenía la mayor concentración del planeta de sustancias químicas orgánicas persistentes. Asimismo, descubrieron que las frías regiones del norte actuaban como un “sumidero” para los contaminantes globales y que los químicos tóxicos se acumulaban o se bioacumulaban en la sangre de las especies polares fundamentales para las dietas indígenas. Cabe resaltar que se trató de un modelo temprano de estrecha colaboración entre científicos y pueblos indígenas.

Consecuentemente, ya para 1996, el Consejo Ártico comenzó a impulsar políticas tendientes a hacer frente a estos problemas, con el objetivo de proteger el medio ambiente y a los pueblos del norte. En este sentido, los seis grupos de trabajo que se formaron, los cuales estaban dirigidos por expertos en la materia, realizaron tareas de monitoreo, limpieza, conservación, océanos, pueblos, búsqueda y rescate y desarrollo sostenible. Con el paso del tiempo, se ha formado una red de más de 700 expertos

Sin embargo, en marzo de 2022, el Consejo del Ártico se detuvo bruscamente. Si bien para los proyectos sin participación rusa la pausa fue breve, para aquellos referidos a ciencia climática y monitoreo ambiental, que se basan en la recopilación constante de datos a través de las fronteras, la detención del Consejo fue un duro golpe.

Nuevas oportunidades en el Ártico

En la última década, los deshielos del Ártico han abierto nuevas oportunidades e intereses. A medida que el hielo se derrite, surgen preguntas como «¿quién accede a los recursos y manchas de petróleo aún por descubrir?» o «¿qué países controlan qué rutas y territorios?«. Por ende, a pesar de los inminentes daños medioambientales, se están albergando potenciales rutas navales, comerciales y de transporte, así como recursos naturales sin explotar.

En este sentido, según Barron’sel Ártico alberga casi el 13% de las reservas de petróleo de la Tierra y más de una cuarta parte de sus reservas de gas sin explotar. Los recursos sin descubrir sólo en la región ártica rusa tienen un valor de unos 35.000 millones de dólares. Esto provoca que, poco a poco, no solo se vaya calentando el campo de batalla físico, sino también geopolítico

Por lo tanto, estas nuevas oportunidades complejizan la cooperación. El Consejo Ártico es un foro basado en el consenso y sus proyectos requieren la aprobación de todos los miembros. Por ello, a menos que el Consejo cambie sus requisitos de toma de decisiones, o decida incluir a Rusia, el trabajo se verá limitado en el corto plazo.

Debido a la riqueza del Ártico, Rusia se encuentra ansioso y, probablemente, no espere a ser invitado nuevamente a participar de la mesa del Consejo para realizar acciones en la región. Por ejemplo, desde febrero, Rusia ha eliminado toda mención del Consejo Ártico de sus políticas árticas. Por añadidura, durante el año pasado, Rusia ha fortalecido su cooperación en el Ártico con China, incluida una nueva estación de investigación propuesta en Svalbard con las naciones BRICS. Además, considerando la probabilidad de que Suecia ingrese a la OTAN, Rusia parece quedar cada vez más distanciado del resto de los participantes del Consejo.

Consecuentemente, en junio, el Consejo Ártico se reunirá nuevamente, pero sin Rusia, para considerar cómo seguir adelante. “No estamos aquí tocando una campana para decir que estamos de regreso; estamos enfocados en hacerlo paso a paso”, han señalado desde el Consejo. “Si la cooperación se rompe por completo, será mucho más difícil reconstruirla desde cero”.

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Maialen Gabilondo
Maialen Gabilondo
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