Debate en torno a la presencia de Estados Unidos en Siria

El gobierno de Joe Biden está debatiéndose abandonar el país árabe luego de que el gobierno del expresidente Barack Obama decidiera llevar nuevamente tropas a Siria bajo el justificativo de combatir al Estado Islámico, que ya controlaba gran parte de Irak y de Siria allá por 2014.

Foreign Policy publicó un nuevo artículo en el que se explican las consecuencias de una posible retirada estadunidense de Siria. Desde el ataque de Hamas contra Israel el 7 de octubre y la campaña militar israelí en la Franja de Gaza, las tensiones y hostilidades en toda la región de Medio Oriente han alcanzado un punto álgido, sobre todo en los escenarios de Yemen y Siria. “Con una crisis regional tan compleja, no debería sorprender que la administración Biden esté reconsiderando sus prioridades militares en la región”.

Sin embargo, debería ser motivo de gran preocupación que esto pueda implicar una retirada total de las tropas estadounidenses de Siria”. Una serie de fuentes dentro de los departamentos de Defensa y de Estado norteamericanos que consultó Foreign Policy aseguran que la Casa Blanca ya no está interesada en mantener la misión en Siria, la cual es percibida como innecesaria. Por ello, estaría discutiéndose cómo y cuándo puede tener lugar una eventual retirada.

Por el contrario, el medio ruso RIA Novosti citó a un alto funcionario del Pentágono diciendo que las publicaciones en medios de comunicación acerca de la posible retirada de tropas estadounidenses de Siria no son fiables. Recordemos que, a lo largo de los dos primeros años de gestión, el gobierno de Joe Biden aseguró que Estados Unidos no tenía planeado retirarse de Siria en ningún tiempo cercano, tras las iniciativas del anterior gobierno de Donald Trump de abandonar definitivamente el territorio sirio.

Amén de ello, Radar Internacional trae el análisis proporcionado por Foreign Policy acerca de lo que podría ocurrir ante una eventual retirada estadounidense de Siria. Esto trae a la memoria la salida estadounidense de Afganistán en 2021, con la vuelta de los talibanes al poder en el país, así como también debe entenderse en el contexto de las elecciones estadounidenses a finales de este 2024. “Independientemente de cómo se llevara a cabo esa retirada, desencadenaría el caos y un rápido aumento de las amenazas terroristas”, en referencia clara al Estado Islámico, el cual, si bien se lo cree debilitado, parecería estar capacitado para aprovechar la situación y lograr un resurgimiento en Siria.

Algunos dentro del gobierno de Estados Unidos están proponiendo un acuerdo entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por los kurdo-sirios, y el régimen sirio de Bashar al-Assad con el objetivo de continuar combatiendo al Estado Islámico. No obstante, las FDS y el régimen sirio “están lejos de ser aliados naturales. El régimen nunca permitiría que las FDS se sostuvieran a sí mismas, y Turquía haría todo lo posible para matar lo que quedara” de los kurdo-sirios.

La intervención internacional en Siria lanzada en 2014 por Estados Unidos y más de 80 de sus aliados para derrotar al grupo terrorista ha tenido éxito, dado que el último bastión territorial del Estado Islámico en Siria fue liberado a principios de 2019. Asimismo, en Irak, el Estado Islámico casi ha desaparecido, degradado hasta tal punto que en 2023 promedió solo nueve ataques al mes, frente a los 850 ataques mensuales, aproximadamente, de 2014.

Amén de la situación en Irak, la situación en la vecina Siria es más compleja. Con aproximadamente 900 soldados sobre el terreno, Estados Unidos está desempeñando un papel fundamental en la contención y degradación de la insurgencia del Estado Islámico en el noreste de Siria, trabajando junto a las Fuerzas Democráticas Sirias.

Sin embargo, la amenaza persiste”. Por ejemplo, el pasado 16 de enero el Estado Islámico lanzó un ataque con cohetes contra una prisión administrada por las FDS que albergaba a unos 5.000 prisioneros del grupo terrorista, lo que desencadenó un intento de fuga masiva. Si bien esa operación fue frustrada, el despliegue estadounidense también desempeña un papel vital en la estabilización de un área en la que alrededor de 10.000 militantes del Estado Islámico están detenidos en más de 20 prisiones, así como otras 50.000 mujeres y niños están retenidos en campamentos seguros.

Como el Comando Central de Estados Unidos ha advertido en repetidas ocasiones, mantener al «ejército al acecho» del Estado Islámico y a su «próxima generación» asegurados es un interés vital para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Cabe resaltarse que, a pesar de que las tropas estadounidenses y sus socios de las FDS han logrado contener la recuperación del Estado Islámico en el noreste de Siria, la situación es mucho más preocupante en el oeste, donde el régimen sirio tiene el control, al menos en los papeles.

En el vasto desierto al oeste del río Éufrates, el Estado Islámico ha llevado a cabo una recuperación progresiva, aprovechando la incapacidad del régimen para frustrar la insurgencia. Asimismo, en los últimos años, el grupo terrorista ha restablecido su presencia en Daraa, en el sur de Siria, controlada por el régimen, y ha ampliado notablemente la escala, el alcance y la sofisticación de sus operaciones en todo el desierto del centro del país. Ello le ha permitido reconquistar territorio poblado, controlar instalaciones de gas y ejercer presión alrededor de la ciudad de Palmira.

Así las cosas, afirma el artículo de Foreign Policyen el este y centro de Siria, la influencia en la sombra del Estado Islámico ha regresado. El grupo ha restablecido sus operaciones de extorsión, amenazas a familiares de rehenes y recolección de impuestos en las zonas controladas. Si bien gran parte de estas actividades ilícitas estaban centradas en las zonas rurales del país, ahora el Estado Islámico ha trasladado esa presión a algunas zonas urbanas, instalándose como una “autoridad en la sombra”.

A ello debemos sumarle que, en los últimos años, el Estado Islámico ha ocultado deliberadamente su nivel de operación en Siria, optando por no reivindicar ataques que efectivamente lleva a cabo en el terreno. Sin embargo, tras el comienzo de la guerra de Israel contra Hamas en Gaza, el grupo ha comenzado a revelar el verdadero alcance de su recuperación de Siria.

Así, el grupo reivindicó 35 ataques en siete de las 14 provincias de Siria en los primeros 10 días de 2024. Si bien el Estado Islámico sigue estando lejos lo que supo ser entre 2013 y 2014, conserva algunas de sus capacidades de combate. Además, “la campaña de intimidación y ataques del Estado Islámico está empezando a dar frutos en el centro de Siria”, fundamentalmente perpetrando ataques contra las fuerzas de seguridad del régimen.

La escala y la sofisticación de esos ataques aumentaron notablemente en 2023, al igual que su letalidad”. Según el Counter Extremism Project, solo en 2023, el Estado Islámico llevó a cabo al menos 212 ataques en la región desértica central de Siria, acabando con la vida de, al menos, 502 personas.

En este contexto, el artículo de Foreign Policy sostiene que las tropas estadounidenses son el “pegamento que mantiene unido el único desafío significativo al Estado Islámico dentro de un tercio del territorio sirio. Si ese pegamento desapareciera, un resurgimiento significativo en Siria estaría casi garantizado, y un contagio desestabilizador a Irak sería una certeza”.

Recordemos que la coalición liderada por Estados Unidos contra el Estado Islámico tiene su cuartel general en suelo iraquí. Sin embargo, debido a los intercambios de fuego entre grupos pro iraníes en Irak y las fuerzas estadounidenses, el primer ministro iraquí, Mohammed Shia al-Sudani, está presionando públicamente para que Estados Unidos se retire de su propio país. Ello podría llevar a que la presencia militar estadounidense en el Kurdistán iraquí deba sostener las operaciones contra el Estado Islámico, tanto en Irak como en Siria.

Sin embargo, trasladar la coordinación contra el Estado Islámico de Bagdad a Erbil presentaría sus propias complicaciones, agudizando las tensiones intrakurdas entre el gobierno regional de Masud Barzani y la administración de las FDS vinculadas al Partido de los Trabajados de Kurdistán (PKK) en el noreste de Siria, metiendo así a Turquía en la ecuación.

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Santiago Vera García
Santiago Vera García
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