Análisis de la capacidad de Rusia para reemplazar su material blindado perdido

La guerra ruso-ucraniana lleva más de 500 días, con un ritmo e intensidad que parece no decrecer con el paso del tiempo. Rusia mantiene ocupado un 20% del territorio de Ucrania, pero a un costo enorme.

Si bien ambos contendientes minimizan sus pérdidas humanas y materiales, según datos proporcionados por la inteligencia británica, se estima que las fuerzas militares rusas han sufrido entre 175.000 y 200.000 bajas, lo que, aplicando las tablas normales de cálculo de heridos y muertos en combate, refleja un total aproximado de 50.000 muertos. Por otro lado, las cifras de Ucrania son ligeramente menores, aunque igualmente significativas, con un número de bajas que oscila entre 100.000 y 120.000 combatientes, lo que muestra una cifra cercana a 30.000 muertos.

Para entender lo que ello representa, es menester hacer una comparación, aunque en contextos históricos y tipos de operaciones militares diferentes. Durante la guerra de Vietnamlas fuerzas militares de Estados Unidos sufrieron 300.000 heridos y casi 60.000 muertos luego de diez años de lucha. Por su parte, la guerra de Malvinas provocó la muerte de 649 militares argentinos y 255 militares británicos luego de 74 días de combate.

Las pérdidas humanas, obviamente, son las más críticas y preocupantes en un conflicto, pero la reposición de materiales bélicos destruidos o capturados, tales como armas portátiles, aviones, vehículos blindados y tanques de combate, entre otros, también es un aspecto indispensable para sostener el desarrollo de las operaciones.

En el caso de la guerra ruso-ucraniana, el ritmo de pérdidas materiales de ambos bandos es muy elevado. Si bien todo el material posee un gran valor, el empleo de los tanques se muestra fundamental, teniendo en cuenta la geografía existente en las zonas donde se están llevando a cabo los combates, caracterizadas por amplias y extensas planicies.

De acuerdo con la opinión de estrategas militares, los tanques son el «arma decisiva«, y ambos bandos han experimentado, hasta el momento, significativas pérdidas de blindados de diferentes tipos. Según el portal Oryx, que goza de mucha fiabilidad, Rusia ha perdido más de 1.900 unidades, de las cuales aproximadamente 550 habrían sido capturadas.

El modelo de tanque conocido como T-72, que es un diseño de los años setenta, es el tanque que registra la mayor cantidad de unidades destruidas. Sin embargo, ha llamado poderosamente la atención de analistas y especialistas en el tema que se hayan contabilizado 128 blindados del modelo T-62, cuyo diseño se remonta a 1960, y 350 T-72 de las versiones A y B con modernizaciones efectuadas en 1989. Esto nos permite obtener tres importantes conclusiones: 

  1. La mayoría de los tanques enviados por Rusia a la guerra son de versiones antiguas. 
  2. La proporción de diseños anticuados que se emplean en combate es cada vez mayor.
  3. Ambos bandos deben reponer de manera urgente el material perdido en batalla.
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Tanque ruso destruido en el campo de batalla

En relación con este último aspecto, y en función de estas importantes pérdidas, resulta muy preocupante para rusos y ucranianos la estrategia de reposición de todos los blindados destruidos. Para Ucrania, será fundamental el constante envío de carros occidentales, tales como el Leopard 2, el M1 Abrams y el Challenger 2. Moscú por su parte, ha afirmado que fabricará 1.600 nuevas unidades, pero a la vista de los acontecimientos, no solo parece insuficiente, sino también poco creíble.

Uralvagonzavod es el principal conglomerado de industrias rusas responsable del diseño y producción tanto de maquinarias de uso civil como de blindados de distintos tipos. El mismo dispone de siete plantas de producción de tanques y vehículos mecanizados de combate en funcionamiento. Durante el año 2022, la producción estuvo paralizada durante mucho tiempo por la falta de determinadas piezas de procedencia occidental.

Si bien Dmitri Medvedev, subjefe del Consejo de Seguridad de Rusia, asegura que se fabricarán más de 1.600 tanques para enviar urgentemente al frente de combate, los embargos sobre elementos clave, como los visores nocturnos, generan dudas sobre la eficacia del equipamiento de esos nuevos tanques y sobre la posibilidad de que la industria rusa pueda reemplazar las piezas occidentales y cumplir con esa expectativa de fabricación.

En conclusión, la guerra ruso-ucraniana ha causado un alto costo humano y material para ambas partes. Las pérdidas de vidas humanas son significativas, con estimaciones de decenas de miles de muertos tanto en las fuerzas militares rusas como en las ucranianas. En este contexto, para Ucrania, la recepción de tanques occidentales prometidos, como el Leopard 2, el M1 Abrams y el Challenger 2, es fundamental para fortalecer su capacidad de combate y contrarrestar las fuerzas rusas. Por otro lado, Rusia afirma que fabricará más de 1.600 nuevos tanques, pero existen dudas sobre la efectividad de estos nuevos equipos debido a los embargos y la dependencia de ciertas piezas clave de fabricación occidental.

La guerra ruso-ucraniana muestra la importancia crítica de los recursos humanos y materiales en el conflicto, así como la necesidad de una reposición adecuada de los mismos. El impacto de estas pérdidas, sumado a la capacidad y la habilidad para reemplazar el material destruido o capturado, tendrá un papel crucial en el futuro desarrollo de la guerra y sus consecuencias para ambas naciones involucradas.

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Guillermo Castellanos
Guillermo Castellanos

Doctorando en Estudios Internacionales por la Universidad Nacional de Córdoba, Magíster en Estrategia y Geopolítica, Licenciado en Estrategia y Organización por la Universidad de la Defensa Nacional. Además es Técnico Superior en Estadística; Analista en Programación Administrativa por el Instituto Superior Juan XXIII; Técnico Universitario en Higiene y Seguridad por la Facultad de Ingeniería del Ejército y es Militar Retirado -Coronel- del Ejército Argentino- Fuerza en donde realizó diferentes cursos de formación (en el país y en el exterior), entre los cuales se destaca el de Oficial de Estado Mayor; habiendo participado además en distintas Operaciones Militares de Paz de la ONU en Chipre y en Haití (en dos oportunidades) y con la OTAN (Kosovo). Actualmente se desempeña como profesor en la Universidad Siglo 21 y en el Centro de Estudios Internacionales “Córdoba Global”.

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